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Juan
Salgado Maldonado
VII
Reunión Ordinaria del CCIME
29 de
marzo de 2006
Señor
Presidente de la República
Miembros del
Presidium,
Estimados
compañeros consejeros y consejeras y amigos todos
El 10 de
marzo se llevó a cabo una marcha histórica; la manifestación más
grande en la historia de Chicago y hasta entonces la marcha más grande
de inmigrantes en la historia de Estados Unidos. Se organizó para
decir NO a la propuesta de ley HR 4437, que aprobó
la Cámara de
Representantes en diciembre pasado, y SI a una reforma migratoria que
incluya la regularización de los 12 millones de inmigrantes
indocumentados que, por su trabajo y contribuciones al bienestar de
Estados Unidos de América, se merecen la residencia legal y su
eventual ciudadanía.
Se convocó a
esta gran marcha por iniciativa de dos consejeros del IME: nuestros
compañeros Artemio Arreola y Omar López, y a ella nos unimos el resto
de los consejeros de Illinois, así como centenares de líderes de
clubes de oriundos y de dirigentes de organizaciones comunitarias;
todos contamos con gran apoyo y participación de los medios de
comunicación.
Artemio fue
la voz de unidad; siempre hizo todo lo posible para mantenerla. Desde
el principio ofreció Casa Michoacán como sede de planeación, y comenzó
cada reunión recalcando que
la Casa
Michoacán es la casa de todos, y ahora estamos organizando la marcha
de todos. Omar fue la voz de experiencia, organizando y distribuyendo
el trabajo. Pocos minutos antes de partir en marcha, Omar me dice: “A
partir de esta movilización tendremos un nuevo paradigma, y trabajar
dentro de ella nos dará más participación y fuerza. ¡Mire la juventud
que está aquí!, ellos no se olvidarán de este momento, y sus vidas,
acciones y pensamientos ya no serán igual a partir de hoy”.
Estas
historias de liderazgo, unidad y fuerza del inmigrante se han repetido
en todo Estados Unidos, como en marchas en Phoenix, Washington DC,
Atlanta, Carolina del Norte, Milwaukee, y este fin de semana en Los
Angeles donde hubo la manifestación más grande de inmigrantes en la
historia de Estados Unidos; y no hay que olvidar los liderazgos y las
batallas que a diario libran nuestros compañeros de los estados
emergentes, quienes no siempre cuentan con la simpatía y protección de
las autoridades que nosotros tuvimos en Chicago con el Alcalde Richard
Daley, Gobernador Rod Blagojevich, Senador Richard Durbin y
Congresista Luis Gutierrez.
Este lunes,
con la recomendación del comité judicial del Senado de Estados Unidos
tenemos los primeros frutos de este gran movimiento histórico de
derechos civiles. Les pido un gran aplauso para todo el pueblo que
está tomando el liderazgo en este movimiento. Este levantamiento
cambiará la naturaleza del debate migratorio en mi país. Antes, la
discusión se centraba en las aportaciones de los trabajadores
indocumentados a las economías de las dos naciones. El ataque contra
los inmigrantes, y nuestra respuesta como comunidad, está reorientando
para siempre el contexto del debate.
Otra vez
Estados Unidos se encuentra ante una decisión crítica, pues tiene que
escoger entre dos caminos distintos: uno que representa los mejores
motivos de orgullo para nuestra nación, y el otro que nos haría
retroceder a pensamientos y prácticas que se dieron en algún momento
de la historia, y de las cuales ahora nos avergonzamos. Nuestra
memoria colectiva se ve lastimada con la esclavitud, el
encarcelamiento de los trabajadores japoneses durante
la Segunda
Guerra Mundial, el racismo que negó los derechos civiles y ahora el
llamado de grupos antinmigrantes a considerar criminales a los
trabajadores indocumentados y a todos quienes los ayudan. Lo que nos
inspira se dio con la liberación de los esclavos, con el símbolo que
representa la Estatua de la Libertad, con la protección constitucional
de los derechos civiles, y ahora puede ser con la reforma migratoria
que reconozca el trabajo de los indocumentados y regularice su
situación migratoria.
La unidad
del pueblo en contra de la iniciativa HR 4437, y nuestro poder
económico y político, me da la certeza de que Estados Unidos tomará el
mejor camino. Si no lo hace así se enfrentará a grandes dificultades,
y a un verdadero caos en el terreno económico, precisamente en el
momento cuando menos nos conviene. No sólo eso, también se encontrará
con la desobediencia civil que será organizada por líderes
comunitarios y líderes religiosos.
Señor
Presidente, somos mexicanos y somos estadunidenses. Mi abuelo llegó a
Estados Unidos en 1918, proveniente de Chiquimitio, Michoacán; mi
padre fue parte del Ejército de Estados Unidos, y mi madre llegó como
residente legal. Mi esposa cruzó la frontera como indocumentada y yo
nací en Estados Unidos. Orgullosamente mexicano y orgullosamente
estadounidense. Pero antes que nada soy hijo, hermano, esposo y padre.
Buscamos el progreso de nuestras familias, y en ese camino hacemos
progresar a ambos países.
Señor
Presidente, reconocemos su liderazgo y visión al poner en el centro de
la atención de México a sus inmigrantes; al crear el IME y,
especialmente, al crear el Consejo Consultivo que le da voz y
presencia a quienes para trabajar han tenido que salir de su tierra.
Nos
comprometemos a asumir este nuevo paradigma, donde el pueblo se
responsabiliza por su organización, y quienes tenemos el honor de
servir a esta causa lo haremos unidos, respetando la diversidad y
alimentándonos de ella. Lo haremos no con la camiseta de consejeros,
ni con la de partidos políticos, sino con la camiseta que nos da la
mayor fuerza y unidad: la de ser seres humanos con familias, la de ser
inmigrantes e hijos de inmigrantes.
Muchas
gracias.
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