Domenikos Theotokopoulos, así se llamaba El Greco para desesperación de generaciones de estudiantes, fue redescubierto a principios de 1900 y convertido en un mito de la España triste que acababa de perder las colonias. De su obra apenas se resaltó lo oscuro, lo tenebroso, lo místico de la católica alma castellana.
De ahí que la comisaria Ana Carmen Lavín y el diseñador Óscar Mariné se hayan confabulado para sacarle los colores a El Greco, y qué mejor lugar que México. La muestra que se acaba de inaugurar en el museo del Palacio de Bellas Artes del Distrito Federal juega con la iluminación para mostrar a un artista que nada tiene que ver con una etiqueta tanto tiempo soportada.
La exposición consta de 43 obras, tanto del pintor como de su taller, la mayor parte cedida por el museo de El Greco de Toledo, pero también por coleccionistas privados, incluido el magnate mexicano Carlos Slim. Es la primera vez que tantas obras de El Greco salen a la vez y hacia un destino tan lejano.
|